sábado, 5 de septiembre de 2009

Hacelo por la vieja

Música: Rodolfo Sciammarella
Letra: Carlos Viván / Héctor Bonatti

Campaneame bien, hermano,
estoy listo en la palmera.
Yo sé bien que la que espera
muy pronto me va a llevar;
por eso es que chorro viejo,
escabiador, mujeriego,
sólo te pido, te ruego,
me escuchés sin protestar.
A nadie tengo en el mundo
más que a vos y a la viejita;
por mi culpa, pobrecita,
vos sabés cuánto lloro...
Pero vos que estás a tiempo,
si querés podés abrirte
y no vas a arrepentirte
como me arrepiento yo.

¡Hacelo por la vieja,
abrite de la barra!...
¿No ves lo que te espera
si continuas así?
¿No ves que es peligroso
tomar la vida en farra?
¡Hacelo por la vieja
si no lo haces por mí!...

De ésta, hermano, no me escapo,
no pretendas engrupirme;
mas, ¿pa' que voy a afligirme
si tenía que suceder?
Aunque mama, pobre mama,
prenda velas a la Virgen,
yo sé bien que estoy en cama,
que ya no hay nada que hacer...
Anoche la pobre vieja,
cuando nadie la veía,
creyéndose que dormía
llorando me fue a besar.
No pude hacerme el dormido,
la besé, la abracé fuerte...
¡Madre, le dije, la muerte
muy pronto me va a llevar!











Malena, como la llamaban en su infancia, debe su nombre artístico, Imperio Argentina, al escritor Jacinto Benavente, que quedó impresionado por el desparpajo artístico de una niña que, con el paso de los años, se convertiría en una talentosa actriz, reconocida más allá de su Argentina natal y con cuyo nombre han sido bautizadas varias calles españolas. El que fuera años más tarde premio Nobel de Literatura justificó la elección de este nombre diciendo: «Canta tan bien como Pastora Imperio y baila tan bien como Antonia Mercé, la Argentinita».

Su debut sobre los escenarios tuvo lugar en 1924, en el teatro Romea de Madrid, de la mano de la Argentinita. En 1927, el director cinematográfico Florián Rey la escogió para interpretar La hermana San Sulpicio, película muda basada en la novela homónima de Armando Palacio Valdés. En 1928 viajó a Alemania para rodar Corazones sin rumbo, de la que sólo se conservan unos minutos.

Poco después, el cine sonoro llamaría a su puerta. En 1930 interpretó El profesor de mi mujer, y un año después, Cinépolis. Obtuvo un especial éxito con la película Su noche de bodas, dirigida por Louis Mercanton y Florián Rey, en la que cantaba el vals Recordar, a dúo con Manuel Russell, que llegó a ser el éxito discográfico del momento. Después rodó Lo mejor es reír, versión española de Rive gauche, a las órdenes de Alexander Korda. Mas tarde interpretó ¿Cuándo te suicidas? y el cortometraje El cliente seductor (1931), junto con Maurice Chevalier.

Como guinda a un gran año, la todopoderosa Paramount la fichó para actuar en dos películas junto a su compatriota Carlos Gardel. De esa unión nacieron La casa es seria y Melodía de arrabal (1932), filme que la consagró en las pantallas norteamericanas. Posteriormente, Florián Rey la dirigiría en dos de sus mayores éxitos, Morena Clara y Nobleza baturra, ambas de 1935.

Años de luces y sombras

Sin embargo, la biografía de Magdalena Nile del Río está plagada de luces y sombras. El éxito de sus películas se vio ensombrecido a fines de la década de los treinta y principios de los años cuarenta por su flirteo con la corriente falangista de la época. Primo de Rivera y el mismísimo general Francisco Franco se declararon fervientes admiradores de la diva. Pero el escándalo la salpicó de lleno cuando el ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels, la invitó a Alemania y le presentó a Adolf Hitler, quien, maravillado por el porte y la belleza de la artista, la persuadió para que interpretara un filme sobre Lola Montes, la aventurera irlandesa que fascinaba al dictador.

Imperio reconoció años más tarde la grata impresión que le causó el Führer, aunque rememoró también con horror y tristeza la llamada Noche de los Cristales Rotos (1938) que se desarrolló en Berlín contra sinagogas y hogares judíos. Imperio se encontraba en la capital, y fue ese día cuando la venda se le cayó de los ojos y descubrió los horrores del nazismo al visitar a su sombrerera, de origen judío, y encontrarla muerta junto a su marido.

Esta vinculación con el régimen nazi le creó problemas y enemistades, aunque también grandes amigas, como la actriz alemana Marlene Dietrich. Rodó un buen puñado de películas por aquellas tierras, entre ellas una versión de la Carmen de Prosper Mérimée, y fue la niña mimada de la productora alemana UFA.

Tras su aventura en la Alemania nazi, Malena sufrió el rechazo internacional, que se hizo patente con abucheos y piquetes frente a los teatros donde actuaba en Nueva York, México, D. F., y en la propia Argentina. Durante los años cuarenta trabajó a las órdenes del director Benito Perojo en las películas Goyescas, Bambú, Los majos de Cádiz y Lo que fue de la Dolores, pero no fue hasta la década de los cincuenta cuando recuperó el prestigio mancillado.

De aquellos años salieron de su voz éxitos como Los piconeros o La cieguita y una vez más, como si del destino se tratara, otro gran personaje de la historia del siglo XX se rindió a sus pies: Fidel Castro. El Comandante quedó fascinado por la artista, quien cosechó un gran triunfo en la Cuba prerrevolucionaria. Muchos dicen que su belleza y su gran talento constituyeron el cóctel perfecto para un éxito que estaba escrito desde el mismo día en que vino al mundo.

Contrajo matrimonio con el director de cine Florián Rey y, tras su separación, con el conde de las Cabezuelas, a quien abandonó poco después recibiendo por ello una reprimenda de la Iglesia. Su gran dolor fue sin duda la pérdida de sus dos únicos hijos, una pena que la marcó de por vida. En alguna ocasión se dijo que su gran amor había sido el actor Rafael Rivelles. Con Carlos Gardel tuvo sus más y sus menos, ya que ambos presumían de tener un carácter indomable, y como fruto de esa relación profesional, que no pasional, nació un gran dúo que protagonizaría Melodía de arrabal; de hecho, Imperio fue la única mujer que cantó con el gran autor de tangos.

Su azarosa vida la llevó a publicar en 2001 el libro de memorias Malena Clara, e inspiró el personaje femenino de la película La niña de tus ojos (1998), de Fernando Trueba, interpretado por Penélope Cruz, aunque Imperio se molestó con el filme al considerar que narraba determinados episodios de su vida.

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