jueves, 6 de enero de 2011

La cama vacia



Desde un tétrico hospital
donde se hallaba internado
casi agónico rodeado
de un silencio sepulcral
con su ternura habitual
la que siempre demostró
quizá con esfuerzo o no
desde su lecho sombrío
un enfermo amigo mío
esta carta me escribió.

Querido amigo quisiera
que al recibir la presente
te halles bien y que la suerte
te acompañe por doquiera
de mi parte y mal pudiera
decirte que estoy mejor
al contarte mi dolor
postrado en mi lecho yerto
ya soy un pobre esqueleto
que a mi mismo me da horror.

La carta es para decirte
que si podés algún día
vení a hacerme compañía
vos que tanto me quisiste
es estoy tan solo y tan triste
que lloro sin contenerme
ya nadie suele quererme
todos se muestran impíos
de tantos amigos míos
ninguno ha venido a verme.

Hoy yo te doy la razón
pues veo en mi soledad
que esa llamada amistad
es tan solo una ilusión
cuando uno está en condición
tiene amigos a granel
pero si el destino cruel
y hacia un abismo nos tira
vemos que todo es mentira
y que no hay amigo fiel

Bueno aquí ya me despido
y al poner punto final
recibe un abrazo leal
del que siempre te ha querido
a tu mamá que no olvido
también mis recuerdos dale
mucha devoción mostrale
y de caricias colmala
vos que la tenés cuidala
si supieras cuento vale.

Llegó el domingo y ansioso
por aquel amigo leal
penetré en el hospital
angustiado y pesaroso
me dirigí silencioso
al lugar donde sabía
que en su lecho encontraría
mas ahí ni bien lo encontré
y asombrado me quedé
al ver su cama vacía.


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