| Tango 1927 |
| Música: Enrique Maciel |
| Letra: Celedonio Flores |
| Te criaste entre malevos, malandrines y matones, entre gente de avería desarrollaste tu acción; por tu estampa, en el suburbio florecieron los balcones, y lograste la conquista de sensibles corazones con tu prestigio sentado de buen mozo y de varón. Mezcla rara de magnate nacido en el sabalaje, vos sos la calle Florida que se vino al arrabal. ¡Compadrito de mi esquina, que sólo cambió de traje! pienso, siempre que te veo tirándote a personaje, que sos mixto jaulero con berretín de zorzal. Malandrín de la carpeta, te timbeaste de un biabazo el caudal con que tu vieja pudo vivir todo un mes, impasible ante las fichas, en las noches de escolaso o en el circo de Palermo, cuando a taco y a lonjazo te perdés por un pescuezo la moneda que tenés. Y es por eso que asentaste tu cartel de indiferente, insensible a los halagos de la vida y al sufrir; se murió tu pobre madre, y en el mármol de tu frente ni una sombra, ni una arruga que deschavara, elocuente, que tu vieja no fue un perro, y que vos sabés sentir... Pero al fin todo se acaba en esta vida rastrera y se arruga el más derecho si lo tiran a doblar; vos, que sos más estirado que tejido de fiambrera, Dios no quiera que te cache la mala vida fulera, que si no, como un alambre, te voy a ver arrollar. |
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sábado, 10 de agosto de 2013
Mala entraña
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Mala Entraña
domingo, 28 de noviembre de 2010
La mariposa
Tango 1923
Música: Pedro Maffia
Letra: Celedonio Flores
No es que esté arrepentido
de haberte querido tanto;
lo que me apena es tu olvido
y tu traición
me sume en amargo llanto.
¡Si vieras! Estoy tan triste
que canto por no llorar...
Si para tu bien te fuiste
para tu bien
yo te debo perdonar.
Después de libar traidora
en el rosal de mi amor
te marchas, engañadora,
para buscar
el encanto de otra flor...
Y buscando la más pura,
la más linda de color,
la ciegas con tu hermosura
para después
engañarla con tu amor.
Aquella tarde que te vi
tu estampa me gustó,
pebeta de arrabal,
y sin saber por qué yo te seguí
y el corazón te di
y fue tan sólo por mi mal.
Mirá si fue sincero mi querer
que nunca imaginé
la hiel de tu traición...
¡Qué solo y triste me quedé,
sin amor y sin fe
y derrotado el corazón!
Ten cuidado, mariposa,
de los fingidos amores...
No te cieguen los fulgores
de alguna falsa pasión
perque entonces pagarás
toda tu traición
toda tu maldad.
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miércoles, 13 de enero de 2010
Viejo smoking
Campaneá cómo el cotorro va quedando despoblado
todo el lujo es la catrera compadreando sin colchón
y mirá este pobre mozo cómo ha perdido el estado,
amargado, pobre y flaco como perro de botón.
Poco a poco todo ha ido de cabeza p'al empeño
se dio juego de pileta y hubo que echarse a nadar...
Sólo vos te vas salvando porque pa' mi sos un sueño
del que quiera Dios que nunca me vengan a despertar.
Viejo smocking de los tiempos
en que yo también tallaba...
¡Cuánta papusa garaba
en tus solapas lloró!
Solapas que con su brillo
parece que encandilaban
y que donde iba sentaban
mi fama de gigoló.
Yo no siento la tristeza de saberme derrotado
y no me amarga el recuerdo de mi pasado esplendor;
no me arrepiento del vento ni los años que he tirado,
pero lloro al verme solo, sin amigos, sin amor;
sin una mano que venga a llevarme una parada,
sin una mujer que alegre el resto de mi vivir...
¡Vas a ver que un día de éstos te voy a poner de almohada
y, tirao en la catrera, me voy a dejar morir!
Viejo smocking, cuántas veces
la milonguera más papa
el brillo de tu solapa
de estuque y carmín manchó
y en mis desplantes de guapo
¡cuántos llantos te mojaron!
¡cuántos taitas envidiaron
mi fama de gigoló!
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domingo, 7 de junio de 2009
La puñalada
Música: Pintín Castellanos
Letra: Celedonio Flores
(milonga)
Mentan los que saben que un malevo
muy de agallas y de fama bien sentada
por el barrio de Palermo
cayó un día taconeando
prepotente a un bailongo
donde había puntos bravos
pa'l facón.
Lo empezaron a mirar
con un aire sobrador
pero el mozo, sin chistar,
a una puerta se arrimó.
Los dejó sobrar.
Los dejó decir.
Y pa' no pelear
tuvo que sufrir.
Pero la pebeta más bonita,
la que estaba más metida
en el alma de los tauras,
esa noche con la vista
lo incitaba a que saliera
a darles dique y a jugarse
en un tango su cartel.
Se cruzó
un gran rencor y otro rencor
a la luz
de un farolito a querosén
y un puñal
que parte en dos un corazón
porque así
lo quiso aquella cruel mujer.
Cuentan los que vieron que los guapos
culebrearon con sus cuerpos
y buscaron afanosos
el descuido del contrario
y en un claro de la guardia
hundió el mozo de Palermo
hasta el mango su facón.
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